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sábado, 26 de noviembre de 2011

La pasión de Cristo



En el sermón de la cena, Jesús mostró una serenidad imperturbable. De allí se dirigió a Getsemaní. Era un campo pequeño plantado de olivos, de donde salió el joven que nos habla San Marcos, (Mc 14,51). Allí dejó a sus discípulos para retirarse a orar.

Jesús pasó muchas noches en oración. Desde el principio de su predicación lo vemos seguir está practica. En vísperas de grandes sucesos, por ejemplo, en la elección de sus apóstoles, se entrega a una prolongada oración (Lc 6,12). Pero en ninguno de los acontecimientos pasados era comparable con este. Se trataba de la lucha suprema.

Jesús siente real y verdaderamente tristeza, una tristeza infinita, pero sabemos pos san Pablo que el redentor tenía que ser “probado en todo menos en el pecado” (Hbr 4,15).
La actitud de Jesús en semejante desolación es la de dirigirse al Padre en busca de consuelo. Y esto por medio de la oración. “hágase tu voluntad” (Mt 26,42). ¡Qué obediencia, qué respeto, qué amor a la voluntad del Padre! No lo dispenso el Padre de beber el cáliz, pero le envió un ángel. Jesús se dejo consolar.

Es posible que a nosotros no se nos aparte el cáliz y nos veamos obligados a beberlo, pero tendremos en virtud de nuestra oración, la fuerza necesaria para beberlo sin desfallecer. La oración no vuelve del cielo nunca vacía. Podrá ser que no cambie el curso de los acontecimientos pero nos cambia a nosotros, y eso es lo que más interesa.

El asombroso acontecimiento en el Monte de los Olivos brinda muchas enseñanzas. A caso nos esperen muchas desgracias y pruebas. No hay vida humana sin sufrimientos. Pero, aún que tengamos que derramar gotas de sangre recitemos la oración “Padre, no se haga lo que yo quiero, sino lo que tu quieres” (Mt 26,39).

¡Que magnifico ejemplo de cumplimiento fiel de la misión, plenamente reconocida, nos da Cristo en el Monte de los Olivos, cuando suda gotas de sangre. Perseverar en el cumplimiento del deber, permanecer fiel a los principios, ofrecer a pecho descubierto a las desgracias: todo eso nos enseña el ejemplo del Señor.

Si a Jesús le fue necesaria la Cruz para entrar en la gloria, también a nosotros. Para aprovecharnos de ella, deberemos, en primer lugar, recurrir a la oración. Retirémonos, busquemos la soledad, en ella oremos con reverencia. Suframos con paciencia: Imitemos a Cristo: ¡Con qué dulzura recibe a Judas, que lo iba entregar! Se dejo besar. Ante Pilato Jesús callaba (Mt 26,63) le escupieron, lo coronaron de espinas, desgarraron sus carnes, y el manso como un cordero.

martes, 15 de marzo de 2011

La poderosa mano de Dios


“Tu diestra, Jehová, ha magnificado su poder. Tu diestra, Jehová, ha aplastado al enemigo” (Éxodo 15:6).

Aunque algunos cristianos saben que han sido perdonados y salvos, les falta el contar con el poder para luchar contra la carne. No han llegado al conocimiento de “una completa liberación” de su naturaleza pecaminosa. Cristianos, por su sangre él nos hace salvos y con su poderosa mano rompe el poder del pecado sobre nosotros. Ciertamente el pecado todavía mora en nosotros, ¡pero éste no nos gobierna!

“Librados de la esclavitud por el poder de su mano.” ¡Qué palabra tan alentadora ante estos tiempos de desilusión y de esfuerzo sobre-humano para librarnos del poder del pecado! Sin embargo, aún somos tan reacios a reconocer la obra de la mano de Dios. Va en contra de nuestro orgullo, -nuestro sentido de justicia, nuestra teología- el aceptar la verdad de que nuestra liberación del dominio del pecado viene de un poder que ajeno a nosotros. Observemos como ejemplo a Israel: Israel salió armado, pero todas las batallas fueron del Señor. “Jehová no salva con espada ni con lanza, porque de Jehová es la batalla” (1 Samuel 17:47). Ha sido escrito en Éxodo que “…los hijos de Israel habían salido con mano poderosa” (14:8). Y cantaron alabanzas a Dios después de haber pasado a salvo por el Mar Rojo.

La sangre salvó a Israel del juicio divino, pero la mano poderosa de Dios los libró del poder de la carne. Ellos habían experimentado seguridad y se habían regocijado en ella. ¡Ahora ellos necesitaban poder! Poder para deshacerse de una vez por todas del enemigo de antaño y poder para armarse en contra de los nuevos enemigos que vendrían. Ese poder está en la mano poderosa y sublime del Señor.

Nos han sido dadas preciosas y grandes promesas las cuales han sobrepasado a aquellas que les fueron dadas a Israel. Dios ha prometido librarnos de toda maldad y sentarnos en lugares celestiales en Cristo Jesús, libres del dominio del pecado.

Sin embargo, primero debemos aprender a odiar el pecado – no hacer pactos ni compromiso con él. Mime a su pecado, juegue con él, deje que permanezca, rehúse demolerlo – y un día llegará a ser el objeto más doloroso en su vida.

No ore pidiendo victoria sobre los pecados de la carne hasta que usted haya cultivado un odio hacia ellos. Dios no tolera nuestras excusas ni nuestro apaciguamiento. ¿Está usted esclavizado por un pecado secreto que le causa angustia y agitación tanto física como espiritualmente? ¿Lo odia con pasión? ¿Siente la ira santa de Dios en contra del pecado? Mientras usted no lo haga, la victoria nunca vendrá.


David Wilkerson

jueves, 10 de marzo de 2011

El desierto



Este es un lugar desolado, seco, oscuro, estéril e inhabitado. La vida vegetal y animal son casi nulas si las comparamos con las tierras fértiles.
Este cuadro nos habla de incomunicación, de carencia de recursos, donde no hay a que echarle las manos. Dios lleva a sus hombres y a su pueblo una vez tras otra al desierto. Deuteronomio 8:2-4, narra que allí Dios afligió a su pueblo, le hizo tener hambre, quería saber que había en sus corazones. No porque no lo supiera, sino porque nosotros somos los que necesitamos saber qué tenemos dentro. Se vive en los extremos por mucho o por nada. Podemos sobrevalorar nuestra conducta y la autoestima se eleva. La inclinación natural es mirar la mota en el ojo del otro y no ver la viga en el nuestro. San Pablo decía: “Ninguno tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura” Romanos 12:3.
En el desierto se aprende a depender solamente de Dios. Su pueblo clamó a él en su angustia, cuando sus almas desfallecían, y él los libró Salmo 107: 4-9.


En el desierto maduramos. Nuestra medida real es la que tenemos allí, mientras somos probados. Jesús apenas era un recién nacido cuando tuvo que cruzar el desierto con sus padres. Antes de recibir la aprobación del Padre para recibir su ministerio, lo probaron y tentaron después de cuarenta días de ayuno en el desierto (Mateo 4:1). Entonces comenzaron a ocurrir maravillas.

“Pero he aquí yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón (Oseas 2:14). Allí en la tierra seca se nos conoce (Oseas 13:5). ¡Qué difícil se nos hace estar quietos, ocultos; pero es allí donde Dios nos habla al corazón!. Si quieres conocer a Dios; si no quieres ser un mediocre, un parlante que repite todo lo que oye, que vive de una experiencia prestada, Dios te llevará al desierto.


Nuestro padre Abraham salio sin saber a dónde iba, dejó la civilización y caminó a lo ancho de la tierra; no tuvo lugar fijo: De él vendrá toda una nación, como también el Mesías, y todas las simientes de la tierra serían benditas en él. El honor era grande, pero tenía su precio. Al leer sobre su vida, encontramos huellas del trato de Dios en él. Fue un hombre formado en el ministerio divino. El resultado fue positivo, Tenía una fe acrisolada.
Una de las tragedias que experimentamos es la perdida de la fe. ¡Con qué facilidad nos desinflamos! Pero este hombre no fue así. El escritor de la carta a los romanos dice: “No se debilito en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo casi de cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Romanos 4:19
Y no solo que mantuvo su fe, sino que se fortalecía en fe, cada vez más, plenamente convencido de la fidelidad de Dios. Cuando lo asaltaban los temores y las dudas, cuando la realidad lo golpeaba en pleno rostro haciéndole ver su imposibilidad, elevaba su pensamiento a Dios, con los ojos abiertos a la dimensión espiritual; contemplaba a Dios majestuoso, omnipotente, omnisciente, omnipresente, ¡todo lo sabe, todo lo puede!... y comenzaba a darle gloria y alabanza hasta alcanzar un nivel de fe cada vez mayor. Esa fe y obediencia trajeron al tan esperado Isaac (Romanos 4:16-24)

En Gálatas 5:22, encontramos la fe como un fruto del espíritu. En 1 Corintios 12:8, aparece como un don que reparte el espíritu. La primera crece y se expresa como producto de los árboles de Dios, pues “sin fe es imposible agradar a Dios”. La segunda, no es producto del árbol. El don de la fe es para que crean los que no pueden creer. Los ejemplos bíblicos dicen que muchos fueron liberados por su fe, mientras que otros, como el paralítico que encontraron Pedro y Juan, fueron liberados por la fe de los que ministraban. El desierto produce hombres de este talante.

Elías era un varón aprobado por Dios. Dios lo usó en un momento de decadencia, de confusión moral y espiritual. Su ministerio era sentencioso y contundente. Fogoso y determinante. Este profeta fue el restaurador del orden y de la ley. Debió enfrentar con el poder de Dios el poder de las tinieblas. Cuando el desataba los recursos de Dios para la tarea, ocurrían milagros, señales, maravillas, sanidades, prodigios. Un solo hombre le basto a Dios para convulsionar toda una nación. Por tierras lejanas lo buscaron sin encontrarlo. Cerró los cielos, los abrió, retó al rey, destrozo a los profetas de Baal después de que bajara fuego del cielo por su oración. Pero mientras tanto debió pasar por la escuela de Dios. Hasta que el arroyo se secó, lo alimentaron unos cuervos. Alimentado por una viuda, no tuvo objeciones ni le turbó la conciencia comer lo único que ella tenía. Aun los llamados cristianos lo criticarían hoy. Lo que muchos no entienden es que no habrá obra sin obreros. El obrero en este aspecto es lo más importante para Dios. Por eso ni a él ni a la viuda, ni al hijo de está, les falto cuando otros morían de necesidad. Dios ocupa el primer lugar en el orden de las prioridades.


Hay que poner a Dios en primer término, la palabra de Dios no puede ser postergada; el obedecerla desata el poder que ella encierra.
San pablo, otro varón de soledad, estuvo tres años escondido después de ser llamado. No consulto con carne y sangre. ¿De donde aprendió tanto?
“conozco un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo no lo sé; si fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe) fue arrebatado al tercer cielo y conozco al tal hombre (si en el cuerpo no lo sé; si fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe) que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar 2 Corintios 12: 2-4
Pablo cruzó el desierto. Cárceles, azotes, persecuciones, hambre, enfermedades, falsos hermanos 2 Corintio 11: 24-33; 12:1-8. ¡Jamás se dio por vencido! Se mantuvo firme en Dios valiente y esforzado. Cuando tomamos conciencia de nuestra muerte, cuando menguamos, el Señor puede crecer en nosotros. Cuando ya no tienes muletas ni bastones para apoyarte, cuando estás incomunicado en tu destierro, en la soledad, pasando por la esterilidad, en la tierra seca, sin provisiones, cuando nadie parece acordarse de ti, cuando parece que Dios y los hombres te abandonaron, nunca te rebeles y te quejes. Extiende tus raíces bien hondas en busca del agua, porque verdaderamente hay agua de vida en esos momentos duros. Desde luego que no es superficial, es una experiencia profunda en Dios. Cristo fue abandonado por Dios y por los hombres cuando exclamó: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? (Mateo 27:46).
Miles de almas dieron otros resultados. Hoy día ocurre igual. Mientras hay quienes en el desierto reciben grandes revelaciones, otros no son aprobados allí. En la hora de la prueba:
“Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto; y tentaron a Dios en la soledad. Y él les dio lo que pidieron; mas envío mortandad sobre ellos… Pero aborrecieron la tierra deseable; no creyeron a su palabra, antes murmuraron en sus tiendas, y no oyeron la voz del Señor. Por tanto, alzó su mano contra ellos para abatirlos en el desierto. (Salmo 106: 14-15; 24-26).
Mirad, hermanos que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad (Hebreos 3:12).
Cuando estamos en el desierto, descubrimos lo poco que tenemos para ofrecer a Jesús. No te desanimes. Aunque poco ponlo en manos del Señor. Descansa y observa a tu Señor hacer milagros con tu vida y a través de tu vida. Por su palabra fue hecho todo lo que se ve, de lo que no se veía. El profeta conocía el poder de esas palabras:

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el dios de mi salvación.” Habacuc 3:17-18.

Es verdad… El puede crear por su palabra lo que no existe.
“¿Quién es esta que sube del desierto, recostada sobre su amado?” (Cantar de los cantares 8:5). Es la gloriosa Iglesia del Señor, imponente, esclarecida, ungida, sale aprobada del desierto. Ha honrado a su Señor y cabeza. Jesús dijo: “si alguno me sirviere, ni Padre le honrara” (Juan 12:26). Esta es la senda de los que vienen de grandes tribulaciones y han lavado sus ropas con la sangre del cordero y las han emblanquecido.
¿por qué Dios nos permite a veces tanta humillación? Bien sabemos que este trato, cuando viene de Dios es para quebrar en nuestras vidas todo lo que se interpone entre Dios y nosotros, que pretende impedir llegar a donde dios quiere llevarnos.
Moisés quería ver a Dios. Cuando dios accede al pedido de su siervo, antes de que este pudiera ver cumplido su deseo, debe “esconderlo” en la hendidura de la peña. Lo tapa con su mano y después de quitar la mano, le permite ver (Exodo 33:18-23). Las Escrituras nos ordenan que nos humillemos bajo la poderosa mano de Dios para que Él nos exalte cuando fuere el tiempo (1 Pedro 5:6). Cuando se siembra una semilla, pasa un tiempo oculta; crece, pero nadie la ve aunque está echando base (raíces). Luego cuando se manifiesta hacia arriba, cuando todos la ven, es una flor hermosa y perfumada que todos aprecian y quieren. Todos sabemos que todo lo que tiene de florido, lo tiene porque está enterrado. Es la raíz lo que sustenta la planta. Es la parte escondida u oculta la que sostiene y afirma la parte visible y bella.
En la rebelión de Coré (números 16) se levantaron doscientos cincuenta príncipes, todos ellos del consejo, varones de renombre. Se juntaron en contra de Moisés y Aarón. Está gente procuraba lo que no les pertenecía. Los tragó la tierra, y los doscientos cincuenta varones fueron consumidos por el fuego de Dios. Entonces Dios demostró a quién escogía (números 17). Cada tribu trajo una vara, con el nombre del príncipe grabado en ella, y la pusieron en el tabernáculo de reunión. Dios había prometido que la vara del varón a quién él había escogido, floreciera. Algo realmente maravilloso.
Así pasaron las varas una larga noche de espera, ocultas en el santuario. Esperaban la manifestación del poder de Dios que reivindicaría su escogido. Pero mientras la vara estuvo oculta de los ojos del pueblo, en un momento determinado, en la soledad de la noche, algo empezó a actuar en el tabernáculo: el poder de Dios el espíritu de la vida, sin raíces, sin tierra, sin agua, alterando completamente las leyes naturales. La vara no sólo reverdeció, sino que también floreció y fructificó. Así Dios reafirmó el sacerdocio sobre quienes escogió, pero tuvo que estar toda la noche en la soledad del santuario para ver Lugo la gloria de Dios.
La vara del tronco de Isaí es un vástago que retoñó de sus raíces (Isaías 11: 1-5). Pasó tres noches largas y oscuras oculto en el sepulcro, pero al tercer día algo empezó a actuar allí. El poder del Espíritu de vida entró en el cuerpo exánime de Cristo y lo resucitó, levantándolo de entre los muertos y en el poder que lo levantó, se sentó a la diestra del Padre, triunfante y victorioso.
Vale la pena pasar inadvertido, estar oculto en la hendidura de la peña. Pasar la noche en el santuario, estar humillado bajo esa poderosa mano de Dios y esperar que él te levante cuando sea el tiempo.


Articulo extractado

Juan José Churruarín

El precio de la unción

Editorial vida

martes, 8 de marzo de 2011

Maneras de llegar al cielo


Tengo que ir al cielo, y ya sé como ir» dijo Raput Jungimere, de sesenta años, un anacoreta de la India. Y tendió en el suelo una cama de puntillas de tres metros de largo por uno de ancho. Y sobre esa cama de puntillas se acostó a dormir. Para él, esa era su manera de ir al cielo. Pero a los seis meses desistió de su propósito. Se había llenado de tantas pulgas que las picadas de los insectos eran un tormento mayor que el de los clavos.

En este mundo hay muchas maneras propuestas de ir al cielo. A lo largo de seis mil años de historia civilizada, el hombre ha ensayado no menos de once mil maneras diferentes de llegar al cielo y alcanzar la gloria.

Son esas las tantas religiones que se disputan, con buenas y con malas artes, la devoción de los interesados.

Hay quienes piensan que el sacrificio corporal lo prepara a uno para irse al cielo. Son los que se encierran en celdas de monasterio, ayunan días enteros, o se flagelan con látigos de acero, o se sajan la carne hasta hacer que corra la sangre, o se acuestan en camas de puntillas como Raput Jungimere.

Son los que renuncian a todos los bienes y los placeres del mundo, y niegan a su alma todo lo que es bueno y placentero y sano, buscando aligerarla de todo peso mundanal. Son los que escogen una carrera religiosa, y hacen votos de castidad, de pobreza y de obediencia, y se rasuran la cabeza y salen a mendigar por las calles.

Pero nada de eso lleva a nadie al cielo. Ni camas de clavos, ni votos de pobreza, ni sacrificios personales, ni millones de dólares, ni bañarse en el Ganges, ni peregrinar a La Meca, ni colgarse una medallita, ni pagar una indulgencia, ni siquiera tratar de ser lo más bueno que se pueda. Se llega al cielo mediante el don de la gracia salvadora de Cristo por su sacrificio en la cruz del Calvario.

Se llega al cielo mediante un sometimiento puro y sincero a la soberanía de Jesucristo, el Hijo de Dios. Se llega al cielo mediante un arrepentimiento verdadero. Dios nos tiene preparado un hogar allá en el cielo, y espera que sigamos sus instrucciones para poder ocuparlo.

Hno Pablo.
La Biblia claramente habla que solo hay un camino y una manera. No 11.000, solo una y es a través de Jesús, El Salvador.

Yo soy el camino, la verdad y la vida --le contestó Jesús--. Nadie llega al Padre sino por mí. Juan 14:6

Y por eso El es el mediador de un nuevo pacto, a fin de que habiendo tenido lugar una muerte para la redención de las transgresiones que se cometieron bajo el primer pacto, los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Hebreos 9:15


renuevodeplenitud.com

domingo, 6 de marzo de 2011

El honor de Dios


“porque el Dios celoso, tu Dios, en medio de ti está…” Deuteronomio 6:15.
Celoso: Las metáforas bíblicas dependen de los comportamientos culturales y la expectativa de la audiencia. Tal como las parábolas de Yeshúa [Jesús*] las metáforas no tienen mucho sentido si son despojadas de su trasfondo cultural. La descripción de Dios como el qana’ YHWH (Dios celoso) puede ser considerada incompatible con el carácter del Dios que pensamos que conocemos si no entendemos el trasfondo bíblico de los celos.
En nuestra cultura, los celos no son un atributo positivo. De hecho, podemos aún considerarlo un pecado. Consecuentemente, nos cuesta mucho entender cómo Dios puede decir “Soy un Dios celoso”. Nuestra comprensión de los celos ha sido sujetada a la terapia psicológica. Buscamos la vida emocional balanceada de “respeto” por otros. Tratamos de reprimir esos sentimientos ardientes que provienen de una relación traicionada porque se nos ha enseñado que solamente las emociones positivas son saludables. Pero este no es el cuadro bíblico. La relación de Dios con su Pueblo es una relación de intimidad, fidelidad y compromiso inquebrantable, usualmente sólo de su parte.

Una violación de esa relación es un ataque contra el honor de Dios, del mismo modo que un rival en amor de mi esposa es un ataque contra mi honor. La metáfora está basada en la exclusividad sexual. Fidelidad marital significa pertenencia. Tú me perteneces. Yo te pertenezco. La garantía de este pacto es demostrada en la unión sexual. Cualquiera que intenta violar esta garantía de mutua pertenencia insulta a su dueño/a. En una cultura donde el honor público y personal es más importante que la vida misma, tal usurpador debe ser resistido de toda manera posible. Permitir la existencia de un rival es abandonar mi dignidad.
Dios es celoso porque Él nunca permitirá que nada ni nadie lo ponga en segundo lugar con aquellos a quienes Él ama. Él no permitirá ningún rival para sus afectos. Él resistirá cualquier intento de violar la intimidad que Él ofrece a su Novia. Nunca dejará que su honor sea vapuleado por algún acto o persona. Él es mortalmente serio concerniente a su amor por nosotros. Esta es la razón por la cual las metáforas para la idolatría son tan a menudo de índole sexual. ¡Ninguna persona que se respete así misma permitirá que su amante sea compartida con otro!
Ya que sabemos como Dios siente respecto de esta situación, la segunda pregunta es: ¿Quién se atrevería a romper tal lazo? ¿Quién se arriesgaría a sufrir las represalias de Dios en defensa de Su honor? No necesitamos mirar muy lejos para encontrar a ese personaje. Somos nosotros. Dios nunca deja a su pueblo, pero su pueblo intenta divorciarse de Él. Oseas es un cuadro viviente de la intensa batalla emocional de Dios en su afán por restaurar Su honor y reconquistar el amor de su Pueblo. Somos los culpables aquí. La historia de adulterio de Israel es nuestro legado…si no aprendemos de sus lecciones.

Necesitamos temer solamente a nosotros mismos y a la tentación de perseguir otro amante. ¡Que nunca suceda tal!
Que cada uno de nosotros descanse en Su íntimo interés por nosotros. Que abramos nuestros brazos a Quien nos amará eternamente. El celo de Dios es nuestra más grande protección. Abracémoslo porque es señal de Su fidelidad.
Dr. Skip Moen.
www.skipmoen.com

sábado, 5 de marzo de 2011

La sencillez de la fe


Creo que la vida debería ser una celebración. Son demasiados los creyentes que no disfrutan la vida, y aún menos los que la celebran. Mucha gente ama verdaderamente a Jesucristo y va camino al cielo, pero muy pocos disfrutan el viaje. Por muchos años fui una de ellos... y así era Marta.

Marta estaba ocupada haciendo lo que yo acostumbraba hacer: correr de un lado a otro, para impresionar a Dios y a todos. Complicaba mi relación con el Señor porque tenía un enfoque legalista de la justicia. Buscaba muchas cosas: respuesta a mis dificultades, prosperidad, sanidad, éxito en mi ministerio, cambios en mi familia. Solo me sentía bien cuando estaba haciendo algo. Y me incomodaba la gente como María, que sabía disfrutar sin esmerarse tanto. Pensaba que ellos deberían hacer lo que yo hacía.

Mi problema era que tenía todo de Marta y nada de María. Amaba a Jesús pero no había aprendido acerca de la vida sencilla que Él deseaba que yo viviera. Descubrí que la respuesta tenía su raíz en la fe, conocer lo que significaba sentarse a los pies de Jesús, escuchar sus palabras, y confiar en Dios con toda mi alma y corazón.

Si quieres vivir una vida complicada, compleja, sin gozo, intenta realizar lo que no pueda hacerse sin Dios.

Ama a Dios y Disfruta la Vida
Joyce Meyer

41 Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas;
42 pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada. Lucas 10:41-42

sábado, 19 de febrero de 2011

Fe es una invitación más que un orden



La fe es un mandato. Está escrito: "El justo por la fe vivirá." Sin fe es imposible agradar a Dios, y la Escritura añade: "pero si alguno se vuelve atrás, no será de mi agrado” (Hebreos 10:38).

Me estremezco cuando pienso en el terror y los peligros de la incredulidad. La incredulidad es un pozo de miedo, angustia y desánimo que no tiene fondo. Las consecuencias de la incredulidad son horrendas. Se inicia con temor a lo que no podemos ver. El miedo que nos inunda hoy nos llevará a otros dos más el día de mañana, luego tres, y luego los temores se convierten en un pozo sin fondo de angustia incontrolable y desesperación.

Cada vez más, veo que el miedo y la incredulidad terminan como desesperanza; esto conduce a un desierto de confusión y vacío. No es una opción, no es un pequeño problema con Dios. Se trata de una cuestión de vida o muerte. Esto llevará a estar temiendo por todo, presente o futuro. El miedo es un tormento. Todos los hijos de Dios soportan aflicciones y problemas de diversa índole. Es desgarrador escuchar las cosas dolorosas que los justos están sufriendo ahora. Mi familia también está siendo duramente probada. Algunos de las personas que enfrentan terribles y abrumadores sufrimientos físicos o espirituales se desaniman. Si usted está atravesando el fuego de refinación, tengo una palabra para usted.

LA FE TAMBIÉN ES UNA INVITACIÓN DE SER PARTICIPE DE LA GRAN BONDAD DEL
SEÑOR.

Lo remito a una de las promesas más alentadoras en toda la Palabra de Dios. Permita que esta promesa penetre profundamente en su alma: “¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre;los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto de lenguas contenciosas.” (Salmo 31:19-20).

Aquí está un gran estímulo para mantenerse firme en su fe. Aquí hay una promesa audaz y gloriosa. Dios dice: "Tu confías en mí delante de los hombres y yo voy a abrir mi almacén de gran bondad para verterlo sobre ti. Yo te esconderé en el secreto de mi presencia, no voy a permitir que la adversidad te aplaste".

Algunos pueden decir: "No debemos confiar en Dios por obtener su bondad." ¡No es así! Escrito está: "No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa." (Hebreos 10:35). También escrito está: "el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan." (Hebreos 11:6). Debemos creer que es galardonador. Las recompensas de la fe son bondades espirituales, tales como fortaleza, paz y calma en la tormenta.

Oh amado, Dios se alegra en nuestra fe. Él está atento para darnos esperanza y abrir nuestros ojos a su cuidado amoroso. Debemos tomar una decisión. Está en nuestro poder el elegir confiar en Dios en medio las pruebas actuales y futuras. Dependiendo de nuestra elección nos enfrentaremos al desierto de la desesperación o a la sonrisa de Dios y los cielos abiertos.

Dios nos ayude a todos a aferrarnos a la fe. ¡No se rinda! Estamos demasiado cerca de la meta final de la carrera.

"Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia, con cánticos de liberación me rodearás. Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar: Sobre ti fijaré mis ojos "(Salmo 32:7-8).

DAvid Wilkerson


viernes, 18 de febrero de 2011

El peligro de la incredulidad


Dios ha incrustado en mí un temor por la incredulidad. Este temor es el resultado de escudriñar las Escrituras para ver ejemplos de las nefastas consecuencias de la incredulidad.

Doy gracias a Dios con todo mí ser por haberme revelado el daño y la ruina causados por la incredulidad. Nosotros los creyentes hemos tomado este asunto muy a la ligera, suponiendo que Dios pasa por alto las dudas de aquellos que están afrontando gran aflicción y tiempos difíciles.

Una vez pensé que el Señor debería dar cierta holgura a aquellos que afrontan situaciones aparentemente desesperanzadoras. Por ejemplo, los discípulos en medio de una tormenta en un barco que se hunde. Mi pensamiento era: "Señor, no son más que humanos. Ellos se vieron abrumados por todo. Parecía no haber esperanza. Fue simplemente una respuesta humana.”
Sin embargo, Jesús reprendió su poca fe. Sí, hay un tiempo para llorar, cuando Jesús susurra con cariño: "Adelante, llora, yo guardo en mi redoma cada una de tus lágrimas."
Hay momentos de duelo, hay momentos en los que nos sentimos abrumados y exclamamos: "¿Señor, dónde estás? Servimos a un Padre amoroso que es tocado por nuestros sentimientos.
Nuestra fe se eclipsa cuando permitimos que los temores nos abrumen. No podemos permanecer en temor ni dar lugar a la duda. Debemos levantarnos y estar "confiados a la sombra de sus alas." Dios no tiene piedad de la incredulidad y toda la Escritura lo evidencia. Puede sonar duro, pero Dios no aceptará ninguna excusa; Él no concede otra opción que la fe.
El pueblo de Israel tuvo diez oportunidades de confiar en Dios en circunstancias extremas; toda la crisis fue obra del Señor. La consecuencia de su incredulidad fue cuarenta años de desesperanza, confusión y dolor. Ellos perdieron la bendición de Dios, y Él dijo que no podían entrar en una vida de descanso, paz e inmensa bondad de Dios a causa de su incredulidad. Y llamó Dios a la incredulidad maligna: "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad" Hebreos 3:12).

La incredulidad es causada sobre todo por negar la Palabra de Dios. La fe es imposible sin el constante alimento de la Escritura y el aferrarse a sus promesas.

Yo elijo confiar en Dios. No quiero "mi cadáver muerto en un desierto" como les sucedió a los israelitas. Dios me dijo que "ciñe tus lomos ... hecha tus cargas sobre mí ... deja de mirar a las circunstancias ... no preguntes por qué nunca más. Aliméntate diario de mi Palabra ... memoriza las promesas. Ora con confianza ... cree con todo tu corazón que Dios te ama ... Él no te ha abandonado. Por una noche será el llanto… Por una noche durará el lloro pero gozo vendrá en la mañana.

Cualquier situación que usted esté atravesando, aun si esta caminando por el valle de sombra de muerte, Dios promete estar con usted. Hoy, levántese y decida empezar a confiar en El. Su incredulidad no cambia nada, pero la fe abre la puerta a la liberación.

“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en tu Tabernáculo a cubierto de lenguas contenciosas.” (Salmo 31:19-20).

David Wilkerson

viernes, 11 de febrero de 2011

La compañía de José


José tuvo la visión de que su vida sería poderosamente usada por Dios. Pero esa visión pareció ser sólo una ilusión cuando sus hermanos celosos lo vendieron como esclavo. Para José, los años siguientes estuvieron llenos de penalidades e injusticias. Entonces, cuando parecía que volvía a estar nuevamente de pié, José fue acusado falsamente de intento de violación y enviado a la cárcel.

Sin embargo, durante todo ese tiempo, Dios estaba cuidando la vida de José. Finalmente,después de años de confusión, José terminó sirviendo en la casa de Faraón. Eventualmente, el Faraón lo posesionó como gobernante de todo Egipto.

Amados, así es como Dios trabaja: Él estaba preparando un hombre para salvar un remanente. Ciertamente, en cada generación Dios levanta una “Compañía José”. Él lleva a estos siervos devotos a través de años de problemas y tribulaciones para probar y fortalecer su fe.

¿Qué significa esto? Las Escrituras dicen lo que José soportó: “Envió a un hombre delante de llos; a José, que fue vendido como esclavo. Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó” (Salmo 105:1719).

También hoy El Señor tiene una Compañía José, hombres y mujeres devotos a los cuales Él ha llamado y tocado. Ellos no buscan fama o fortuna, lo único que quieren es vivir y morir cumpliendo el llamado de Dios para ellos. El Señor ha prometido que sus vidas serán usadas para su Reino.

José dijo a sus hermanos, “Dios me envió delante de vosotros, para que podáis sobrevivir sobre la tierra, para daros vida por medio de una gran liberación. Así pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón, y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto” (Génesis 45:7-8).

José pudo mirar hacia atrás, a todos los años de sufrimiento, y testificar, “Dios me envió por este camino. Él tenía un propósito en hacerme pasar por todas estas dificultades. Ahora veo, que todo lo que he soportado ha sido para llegar a este momento. Hermanos, el Señor me ha estado preparando para ministrarlos a ustedes. Él ha orquestado todas estas cosas, para traerlos a ustedes bajo su gracia guardadora como lo hizo conmigo.”

¡Que increíble revelación para José! Pero, ¿Cuál es la lección para el pueblo de Dios hoy? Es esta: Nuestro Señor nos ha guardado en el pasado y nos guardará en los días venideros. Lo más importante es que Dios tiene un propósito eterno detrás de todo. Él lo ha guardado porque tiene un propósito para usted. Él ha preparado de antemano un trabajo divino para usted; sólo un creyente que ha sido probado, examinado y comprobado puede llevar a cabo ese trabajo.

Este no es tiempo para una fe tímida. Es el tiempo para que cada cristiano, que ha soportado grandes pruebas, se levante. Nuestro Capitán nos está llamando a ponernos de pié en medio de una sociedad temerosa y actuar en “poderosa fe”. Tenemos que hacer la declaración de José: “Dios me envió delante de vosotros…para daros vida por medio de una gran liberación” (Génesis 45:7).

David Wilkerson

sábado, 5 de febrero de 2011

Mi vida está preservada


La Biblia nos dice que Jacob recibió una increíble revelación a través de un encuentro “cara a cara” con Dios: “Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; por que dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Génesis 32:39). ¿Cuál fue la circunstancia alrededor de esta revelación? Fue en el punto más bajo, más aterrador de la vida de Jacob. En ese tiempo, Jacob se encontró atrapado entre dos fuerzas poderosas: su suegro Labán quien estaba muy enojado, y su hermano Esaú, hostil y amargado.

Jacob había trabajado más de veinte años para Labán, el cual lo había engañado una y otra vez. Finalmente Jacob se hartó, y sin decir nada a Labán, tomó a su familia y se marchó.

Labán lo persiguió por el Este con un pequeño ejército, listo para matar a Jacob. Pero sólo cuando Dios advirtió a Labán en un sueño de no hacer daño a Jacob, éste dejó que se fuera. Tan pronto como Labán se aparta, Esaú aparece por el Oeste. El también traía un pequeño ejército de 400 hombres, listos para matar a su hermano por haberle robado su derecho de primogénito.

Jacob se encontró en una situación calamitosa, convencido que iba a perderlo todo. Las cosas se veían sin esperanza; pero en esa hora oscura, Jacob tuvo un encuentro con Dios como nunca antes. El luchó con un ángel que muchos estudiosos de la Biblia creen que fue el Señor mismo.

Ahora piense también sobre Job. En su hora más oscura, Dios se le apareció en un torbellino. Y Dios le dio a este hombre una de las revelaciones más grandes de sí mismo como nunca lo ha hecho con ningún otro ser humano.

Dios llevó a Job al cosmos, luego a las profundidades del mar. El lo guió a los secretos mismos de la creación, y Job vio cosas que ninguna persona había visto. A él se le mostró la gloria misma y la majestad de Dios. Job emergió de esa experiencia alabando a Dios, diciendo, “Yo sé ahora que tú puedes hacer cualquier cosa, Señor. Me arrepiento por haber cuestionado tus decisiones. Yo veo que todas las cosas están bajo tu control y dirigidas por tu gracia. Tú tenías un plan todo el tiempo, pero ahora yo actualmente te he visto con mis ojos” (ver Job 42:2-5).

Algo maravilloso sucede cuando nosotros simplemente confiamos. Una paz viene sobre nosotros, capacitándonos para decir, “No importa lo que salga de todo este problema. Mi Dios tiene todo bajo control. No tengo que temerle a nada.”


David Wilkerson

martes, 1 de febrero de 2011

¡Cortalos!


Jesús le dijo a sus discípulos, “Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno” (Mateo 18:8).

Jesús inicia este versículo con la palabra Por tanto, que siginifica “a la luz de esto que he dicho.” Con ello, Jesús vincula su afirmación al contexto de su lección acerca de mezclar las obras con la cruz. De tal manera que cuando él dice, “Si tu mano o tu pie te es ocasión de caer,” se refiere a la cómo la cruz representa una ofensa a la carne.

Cuando Jesús dice, “sácalo – córtalo”, él se estaba dirigiendo a los judíos que lo escuchaban hablar sobre su confianza en sus buenas obras. La mano, el pie y el ojo representan a la carne – instrumentos de independencia mediante los cuales cada hombre toma su propio camino y se subordina a su voluntad y esfuerzo humano para deshacerse de las ataduras del pecado. Cristo les está diciendo a tales personas, “Tu ojo está enfocado en la cosa equivocada. Estás viendo tu propia habilidad y poder. Por lo tanto, arranca tu ojo. Tú tienes que quitar de tu cuerpo, mente y corazón dicha malvada forma de pensar. Renuncia a ella, remuévela quirúrgicamente. Corta de ti toda esperanza de ofrecerle a Dios cualquier cosa que provenga de tu propio mérito o bondad.
Lujurias y ofensas deben de ser cortadas – pero no por tus manos. Este es trabajo del Espíritu.”

“Luego simplemente corre a mis brazos. Humíllate como un niño al hacer tuya mi victoria en la cruz. Comprométete a una vida de devoción total y d edependencia en mí. Debido a mi obra en el Calvario, ya no te perteneces a tí mismo. Te he comprado. Mi Espíritu cumplirá mi petición de Santidad en ti.”


David Wilkerson

jueves, 27 de enero de 2011

La hora de la oración


Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Hechos 3:1

El señor Jesús practicó mucho la oración y con ella tocó la vida a sus discípulos, ya que un día mientras se levantaba de la oración, estos le dijeron: Señor enséñanos a orar. Que hermosa petición, ¿no le parece?

En el libro de los Hechos encontramos a la iglesia practicando la oración y haciendo de ella su fuente de gozo, de comunión, de fortaleza, de poder. La oración fue de vital importancia para los discípulos y para toda la iglesia creciente del Nuevo Testamento, el apóstol Pablo nos recomienda en la carta a los Romanos 12:12 a ser constantes en la oración, el profeta Daniel oraba tres veces al día. El texto que estamos considerando vemos a Pedro y a Juan que iban juntos al templo y a una ora específica, a la hora novena la hora de la oración y mientras llegaban encontraron a un hombre cojo de nacimiento que pedía limosna fuera del templo a quien el señor sanó cuando le levantaron en su nombre.

Cornelio el centurión practicaba la oración a esa misma hora novena, y un día mientras oraba miró en visión a un ángel dándole instrucciones de mandar traer a Simón Pedro para que les predicara las buenas nuevas de salvación Hechos 10:1-6


Como podemos ver la iglesia primitiva tenía una ora determinada para la oración, y era la hora novena y Lucas nos aclara que era la hora de la oración, para enseñarnos la importancia de esa ora. La hora novena eran las tres de la tarde y estaba determinada exclusivamente para orar. Es cierto que se puede orar en cualquier lugar, y a cualquier hora del día, pero es indispensable tener una hora dedicada para la oración y ya sea a las tres o a las cuatro a las ocho, lo importante es orar tanto en el hogar como en la casa de Dios.

Es bueno practicar la oración a una hora específica, y ser constantes en ella. De una vida llena de oración Daniel sacó la confianza para no temer al edicto del rey, y ser librado del poder de los leones, de allí Cornelio tuvo visiones de Dios y fue dirigido para la salvación de su alma, y de toda su familia y de sus amistades, de la oración Pedro sacó el poder y autoridad para decirle al hombre cojo de nacimiento: No tengo plata ni oro pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret levántate y anda.


La ora de la oración es muy importante pues en ella platicamos con Dios, le contamos nuestras luchas, nuestras necesidades, en ella le adoramos, en ella recibimos su perdón, en ella encontramos el gozo de su presencia, y encontramos su poder, note usted lo que dice en la epístola de Santiago 5:13 ¿está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. Recuerde que debemos siempre de acercarnos en oración a Dios, por medio del señor Jesús.



Escrito por Artemio Valdez Sosa

miércoles, 26 de enero de 2011

El poder de la oración


San Juan 12:1-8
El pueblo de Israel durante un periodo de veinte años (1 Samuel 7:1-2 Ver), había perdido de vista la presencia de Dios. Ellos la habían olvidado dejándola a un lado y una de las causas era porque uno de los utencillos del templo que simbolizaba la presencia de Dios, era el arca y la misma había sido robada hacía 20 años atrás. Sin embargo, ellos no dejaron de realizar las actividades y continuaban con sus liturgias pero sin la presencia de Dios. Algunos vienen a la iglesia por una necesidad de religión, diciendo: “Yo tengo que ir a la iglesia porque tengo que pedirle algo a Dios, porque tengo que recibir", sin embargo, el verdadero motivo debería ser siempre el ir a la iglesia para conocer a Dios. Venimos para adorar a Dios, a través de las palabras que salen de nuestros labios, y también a través de las canciones de adoración. Para Dios es muy importante recibir frutos de labios que confiesan su nombre, ese es el ministerio de cada uno de nosotros, darle toda la gloria.
Adoremos sinceramente a Dios y sin duda encontraremos la llave que abre su corazón ¿Cuántos quieren la llave que abre la puerta por la que entró el rey David, por la que entró Moisés, los grandes hombres de Dios y contemplaron al Rey de reyes y al Señor de señores? ¿Sabes como se llama esa llave? se llama "adoración". Es entrar por sus puertas con acción de gracias.
Debemos venir a la iglesia con una actitud de adoración y humildad reconociendo que todo lo que tengo es por la misericordia y el favor de Dios.
Después de pasados 20 años de haber perdido la presencia del Señor, cuando volvieron a Mizpa ofrecieron holocausto y celebraron adoración volviendo sus corazones hacia Dios otra vez. Allí pidieron perdón, porque se habían abierto a los ídolos, al mundo, a los malos hábitos y a cosas que Dios detesta. Pero cuando volvieron su corazón a Dios, arrepentidos Él tronó desde los cielos y los enemigos que los habían oprimido durante 20 años fueron dispersados.
Cuando cae la gloria de Dios, inevitablemente los enemigos son echados fuera.
Moisés le dijo: "Yo no quisiera vivir un día sin tu presencia, después de haber conocido tu gloria", David dijo: "Me puedes quitar cualquier cosa pero no quites de mí tu Santo Espíritu porque la alabanza abre los cielos". David era un hombre común y corriente, que tenía algunos atributos por los cuales Dios amaba a su corazón.
Esos atributos eran, en primer lugar un corazón adorador y en segundo lugar, aunque cometía errores David sabía reconocerlos y arrepentirse cambiando de actitud.
Veamos en San Juan 12:1-8 (Ver). Dios es Omnipotente (todo poderoso), Omnisciente (todo lo sabe) y Omnipresente (siempre está presente, en el pasado, en el presente y en el futuro).
En este pasaje Jesús estaba en un momento clave de su ministerio, ya que estaba preparándose para su sepultura. Podemos ver como Dios prepara a esta joven llamada Maria, quien hasta ese momento era una joven anónima, totalmente desconocida. Pero Dios ya la había preparado con un propósito especial. Ella era la encargada de ungir a Jesús para el momento de su sepultura.
¿Con que contaba esta mujer? Ella solo tenía un frasco de perfume muy costoso, proveniente de la India. Era de nardo puro y era un perfume que probablemente equivalía a todos sus ahorros, ya que era el salario de todo un año de trabajo. Ese perfume derramado simbolizaba para la época mucho dinero. Algunos estudiosos dicen que tal vez el padre se lo había entregado como un seguro para tener en la vida por alguna contingencia o era el dinero que le entregaría a su futuro marido en el momento de entregarle la dote (porque en esa época los matrimonios eran por arreglos entre padres y a la dama le tocaba llegar con una dote al joven. Depende su dote era el marido que obtenía, sin dote seguramente estaría un tiempo en la casa de los padres hasta que las cosas cambiaran, y si no podía tener dote tenia que ir a trabajar a casa de familia como esclava y si no la recibían posiblemente terminaba mendigando en la calle). Pero de alguna u otra manera, este fue el perfume que ella derramó en cinco minutos en los pies de Jesús. Era tan fuerte la fragancia que todo el lugar se llenó del aroma de nardo y cambió por completo la atmósfera de esa casa. Dios había preparado a esta joven para que en un momento le entregase todo; Dios preparó a la iglesia para adorarlo. No es solo el propósito de Dios que nos sentemos a escuchar un culto en la iglesia una vez a la semana, sino que el propósito de Dios es aún mayor y podemos observarlo en Efesios 1: 4 al 6 (Ver) donde dice el apóstol Pablo que Dios nos escogió, nos llamó, dándonos la oportunidad de que nuestro libre albedrío eligiera lo que ya Dios había preparado desde siempre, aunque nos cueste comprenderlo a través de la razón.
Nuestro trabajo al igual que Maria, es preparar el camino para la segunda venida del Señor. Mientras Cristo viene, nosotros como iglesia debemos aprovechar el tiempo para predicar, preparar discípulos, formar obreros y sobre todo adorarle. Nuestra función es presentarle diariamente nuestra vida para derramarla en su presencia. Es por eso que el entregarle ese perfume tenia un significado muy especial porque con esta entrega estaba diciéndole a Jesús: “Yo pongo mi confianza en ti, dejando mi futuro en tus manos”. Ella estaba entregando su vida, su riqueza, todo lo que le pertenecía para agradar al enviado de Dios. En cinco minutos ella entendió quien era Jesús, entendió cual era su destino y entendió que ella tenía algo muy valioso para darle.
¿Qué tiene que ver esto con nosotros?
El derramamiento de ese perfume nos habla de adoración y de entrega.
Cuando ella entrega el perfume hace algo muy fuerte socialmente hablando. Vs 3 (Ver). Luego de derramar el perfume sobre los pies de Jesús, soltó sus cabellos. Dice la tradición que en aquel tiempo se usaba el velo que cubría el cabello, de esta manera era notable la diferencia entre las mujeres de su casa y las mujeres de la calle que comerciaban con su cuerpo. Por lo tanto cuando ella se saca el pañuelo y comienza a secar los pies de Jesús con sus cabellos, está quedando de alguna manera expuesta ante la sociedad.
Muchos, después de la resurrección de Lázaro (sacerdotes y principales de la ley) estaban buscando la oportunidad de encarcelar a Cristo. El clima a no era el mejor, cada uno estaba en su mundo. Pero al llegar Jesús a aquel lugar, una joven se le acerca y derrama este perfume, lo que más ama, lo que más valora, a sus pies. Y no solo eso, sino que después los seca con sus cabellos dando a entender que a ella no le importaba lo que iban a decir los demás, sino que había descubierto que su vida tenia sentido cuando se acercaba al Señor y podía derramar todo su corazón ante Él.
Este desparramar el perfume lo podemos comparar con la consecuencia de aquello que pasa en la iglesia, cuando vienes a la iglesia, recibes la palabra, le das a Dios adoración y luego te vas con el olor y la fragancia de la gloria y la presencia de Dios en tu vida.
Dice la escritura que cuando ella derramó el perfume, el ambiente cambió. La Biblia nos habla de ejemplos como el de Pablo y Silas cuando cantaron himnos a la medianoche cambiando el clima de la cárcel; tal fue lo que produjeron con su adoración que ocurrió un gran terremoto y las cadenas se soltaron. Como consecuencia de amar a Dios, recibirás bendición, la Biblia dice que a los que aman a Dios, nada les faltará, porque Dios suplirá cada una de tus necesidades. Debemos buscar su corazón (Su presencia) y no sus manos (Sus obras).
Dios te preparó para un momento como este, Dios quiere usarte. Los mejores tiempos para tu vida y para la iglesia están por venir porque estamos enfocando nuestra atención en la adoración. Si adoramos a Dios vamos a ser llenos de su Espíritu Santo, vamos a tener un cántico nuevo, vamos a ser llenos de su paz, vamos a predicar mejor y vamos a conocer nuestro destino, cuando adoramos a Dios, los milagros comenzarán a desatarse!!!! No pierdas de vista la presencia de Dios, no la dejes a un lado. Has nacido para adorarle y para disfrutar de su presencia!
Claudio Freidzon

martes, 25 de enero de 2011

Padre


Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.Si me das fortuna, no me quites la razón.

Si me das éxitos no me quites la humildad.

Si me das humildad no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver la otra cara de la moneda, no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a mi mismo y a no juzgarme como a los demás. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.

Más bien, recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede el triunfo.

Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y la venganza es señal de bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso.

Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme, y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.

¡Padre... si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mí!

Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. Génesis 18:3.
Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza. Génesis 18:27.
renuevodeplenitud.com

lunes, 24 de enero de 2011

En tiempo de necesidad


Considere una de las promesas más poderosas de toda la Palabra de Dios:

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque…tiemblen los montes a causa de su braveza. Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo. Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana. Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio él su voz, se derritió la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob…que hace cesar las guerras” (Salmos 46:1-7, 9).

¡Qué maravillosa palabra! He leído este pasaje vez tras vez, docenas de veces, y me sigue dejando anonadado. La Palabra de Dios para nosotros acá, es tan poderosa tan inconmovible, que nos dice: “Nunca más tendrás que temer. No importa si el mundo entero esté en pánico. La Tierra puede temblar, los océanos pueden levantarse, las montañas pueden desmoronarse hacia el mar. Las cosas pueden entrar en un caos total, puede haber un alboroto completo alrededor tuyo. Pero a causa de mi Palabra, tendrás paz como un río. Mientras todas las naciones están enardecidas, poderosas corrientes de gozo brotarán hacia mi pueblo, llenando sus corazones de alegría”.

Ahora mismo, el mundo entero atraviesa un tiempo aterrador. Las naciones tiemblan por el terrorismo, sabiendo que no existe región alguna que esté libre de amenazas. Los problemas y los sufrimientos personales se multiplican. Pero, en medio de todo, el Salmo 46 declara al pueblo de Dios en todo el mundo: “Yo estoy en medio tuyo. Yo estoy contigo, a través de todo esto. Mi pueblo no será destruido o sacudido. Voy a ser una ayuda siempre presente para mi iglesia”.

Dios sabe que todos enfrentamos necesidades profundas; todos nos topamos con presión, tentaciones, tiempos de confusión que hacen que nuestras almas tiemblen. Su mensaje para nosotros, en el Salmo 46 es justamente para tiempos así. Está diciendo que si nosotros nos entregamos al miedo, dejándonos derribar o llenándonos de desesperación, estaremos viviendo absolutamente en contra de su realidad en nuestras vidas.

Es vital que usted entienda lo que el Señor nos está hablando en este Salmo. Nuestro Dios está disponible para nosotros en cualquier momento, día o noche. Él está continuamente a nuestra mano derecha, dispuesto a hablarnos y guiarnos. Y Él ha hecho esto posible al darnos su Espíritu Santo para que habite en nosotros. La Biblia nos dice que Cristo mismo está en nosotros, y nosotros estamos en Él.


David Wilkerson

martes, 18 de enero de 2011

DAVID SALIO DE SU PROFUNDA AFLICCION AL RECORDAR LA NATURALEZA PERDONADORA DE DIOS


Después de haber llorado y clamado al Señor, David terminó testificando, "Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado" (Salmo 130:4). El Espíritu Santo comenzó a saturar su alma con recuerdos de las misericordias de Dios, y David súbitamente hizo memoria de todo lo que él había aprendido acerca de la naturaleza misericordiosa, perdonadora de Dios. "Pero tú eres Dios perdonador, clemente y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia" (Nehemías 9:17).

Pronto, David estaba con regocijo, recordando, "Porque tú Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan" (Salmo 86:5). "Él es quien perdona todas tus maldades..." (103:3). Aquí está una de las promesas fundamentales del Nuevo Pacto: Jeremías declara, "Porque perdonaré la maldad de ellos y no me acordaré más de su pecado" (Jeremías 31:34). Y Pablo añade en el Nuevo Testamento, "...perdonándoos todos los pecados" (Colosenses 2:13). ¡Dios nos ha prometido su perdón, por cada pecado!


David Wilkerson

sábado, 15 de enero de 2011

Maneras de enfrentar la vida


Hay muchas maneras de enfrentar la vida.

Algunas personas confían plenamente en su capacidad para resolver las situaciones que se les presentan. Otras avanzan o retroceden de acuerdo al carácter de quienes las rodean. Hay quienes necesitan de un "vestuario" completo de "disfraces" para ocultar sus verdaderas personalidades ante un mundo hostil. Y un creciente grupo de hombres y mujeres emprende diariamente una búsqueda existencial que intenta encontrar el camino para vencer el sentido de soledad y de vacío interior.

Hace algunos años uno de mis tíos falleció súbitamente. En lo mejor de los años maduros y con una hermosa familia para disfrutar, la enfermedad cobró su vida de manera totalmente inesperada. Allí quedó mi tía, sola con sus tres hijos (el mayor casado, la del medio con diabetes y el menor todavía en edad escolar) y muchas cuentas que pagar.

Pero aún resuena en mi mente la respuesta que me dio cuando le pregunté cómo hacía para resurgir en medio del duelo, la depresión y la tristeza natural que embargó su vida: "la clave de todo es que Dios fortalece mi vida, y yo confío plenamente en Él", fue su rotunda respuesta.

¿Es usted una persona que diseña su vida en torno a impulsos repentinos? ¿Permite que la ansiedad gobierne su mente? ¿Experimenta muy seguido un "sube y baja" emocional? Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa... ¡usted necesita con extrema urgencia la fortaleza continua y asegurada que proviene de nuestro Creador!

El gran rey David escribió: "Yo, por mi parte, te alabaré en la mañana por tu poder y por tu amor. Tú eres el Dios que me protege; tú eres el Dios que me ama. Por eso te cantaré con alegría porque eres mi fortaleza, porque has sido mi refugio en momentos de angustia" (Salmos 59:16, TLA).

¡Qué gran oportunidad para comenzar una vida nueva, permitiendo que Dios sea nuestra continua fortaleza!

Cristian Franco
La reflexión de hoy nos desafía a vivir, no tanto por los impulsos que nuestro estado anímico pueda querer abrazar, sino más bien con fe. Y esa fe, para que sea realmente efectiva, no podrá estar fundamentada en nuestra propia capacidad para enfrentar los desafíos... la cual puede variar precisamente en base a nuestro estado de ánimo. Más bien, ojalá esté basada en Dios mismo y en Su Palabra revelada, la Biblia. De esa manera, nuestra vida lucirá como aquella casa de la parábola de Jesús que pudo resistir todo tipo de vientos y tempestades porque estaba anclada sobre la roca. Pero si hemos de desarrollar ese tipo de fe, debemos comprender que eso no ocurre por accidente sino por un cultivo sistemático de nuestra relación con el Dios de la Biblia.

¿Por qué no dedicar este fin de semana un tiempo para participar en compañía de tantos otros creyentes de la adoración corporativa a nuestro Salvador? No sólo seremos bendecidos en el momento sino que nuestra perspectiva de la vida se irá amoldando más y más a Sus planes para nuestra vida.

Adelante y que el Dios de gloria haga resplandecer Su rostro sobre cada uno de ustedes y que disfruten de un maravilloso fin de semana.

Raúl Irigoyen

Y el pueblo creyó; y oyendo que el Señor había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron. Exodo 4:31.

Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de tu Dios. Deuteronomio 26:10.

Renuevodeplenitud.com

viernes, 14 de enero de 2011

Puntos de partida


En la vida hay muchos puntos de partida. Nuestro nacimiento es el primero. ¿Recuerdas el día que inauguraste tu negocio o cuando te sentaste por primera vez frente a tu escritorio en el nuevo trabajo?, ¿recuerdas el día de tu matrimonio y el nacimiento de tu primer hijo? Todos esos momentos fueron puntos de partida, nuevos comienzos como empresario, trabajador, esposo o padre.

También hay unos inicios que nunca llegaron, oportunidades que desaprovechamos. Como el joven que había guardado los mandamientos pero no fue capaz de dejar todo para seguir a Jesús. Aprovechó el punto de partida para cumplir la Palabra y prosperó, sin embargo, no pudo ir más allá e iniciar nuevo comienzo porque exigía sacrificio. Muchos inicios exigen dejar algo. Cuando empezaste tu vida en Jesús sacrificaste todo lo anterior y te preparaste para recibir la salvación.

Juan 8:2-8 relata la historia de la mujer adúltera que sería apedreada por sus pecados. Esta historia es reveladora porque con ella, Jesús quiere enseñarnos a ver primero nuestros errores antes que los de otros. Según la ley, la mujer adúltera merecía ser apedreada y pienso, que también el hombre con quien cometió pecado. Las personas le preguntaron a Jesús qué debían hacer porque querían acorralarlo. Entonces, Él, sabiamente, les dijo: “Que tire la primera piedra el que no ha cometido pecado”. Así, nos da dos grandes lecciones, la primera es ver nuestro interior y nuestras faltas antes que las de otros. Y la segunda es tener misericordia para iniciar un nuevo punto de partida.

Por lo general vemos los errores de otros, antes de ver los nuestros. Antes de ver al prójimo, mírate en un espejo. Hay quienes se han convertido en expertos para ver porqué otros fallan y decir lo mal que están, pero no se dan cuenta de sus defectos.Quienes deseaban cumplir la ley y apedrear a la mujer adúltera, tal vez tenían razón en tirar la piedra, pero no tenían la solvencia moral o aprobación para hacerlo.

Esta costumbre de pedir lo que no damos o condenar lo que nosotros mismos hacemos, es el inicio de muchos problemas. En el matrimonio, por ejemplo, generalmente demandamos atenciones que no ofrecemos. Pedimos cariño, pero no lo damos. Como ciudadanos, criticamos a nuestros gobernantes o autoridades, pero no pagamos impuestos y nos cuesta colaboramos. A nuestros hijos les exigimos respeto y obediencia, pero no respetamos al policía de tránsito o a quienes nos dan instrucciones, como los servidores en la iglesia. ¿Qué ejemplo damos?

Tienes razón al pedirle a tus hijos que no digan palabras groseras, pero debes buscar aprobación y solvencia moral con tus actitudes de buen ejemplo. ¡Si las escuchan de tus labios, no puedes prohibirles que las diga, aunque no sean las mismas! Obtienes aprobación cuando cumples los valores que exiges. Solamente de esa forma puedes pedir algo o aconsejar a alguien. Perdemos aprobación cuando hacemos lo malo que criticamos o pretendemos prohibirlo.

Jesús sí hubiera podido apedrear a la mujer porque no había pecado en Él, pero no lo hizo porque Su enseñanza no era de condenación sino de salvación. Así que le ofreció un nuevo punto de partida al decirle: “Vete y no peques más”. De esta forma, provocó que ella aprendiera a ver en su interior.

Es tiempo de ver hacia nuestro interior.No veas la paja en el ojo ajeno sino la viga que tienes en el tuyo. Ahora que has descubierto tus debilidades y errores, aprende a pedir perdón porque demandas algo que no haces. Ese es un buen punto de partida que marcará la diferencia en tu casa y con tu familia.

Pídele al Señor que te ayude a ver más hacia dentro y menos hacia fuera porque hay mucho que debemos revisar en nuestro interior para ver con amor y perdón a los demás. Dios puede darte la razón y también la aprobación que necesitas para actuar correctamente e iniciar de nuevo. Ábrele tu corazón para que tengas ese inicio que mereces.

Avanzapormas.com

jueves, 13 de enero de 2011

Ayuda siempre presente


Dios nos ha prometido: “…en las tribulaciones, (cuando enfrentes una crisis persistente, siempre presente), Yo seré tu ayuda, siempre presente” (ver Salmos 46:1).

La frase: “siempre presente”, significa: “siempre acá, siempre disponible, con acceso ilimitado”. En resumen, la presencia viviente del Señor está siempre en nosotros. Y si Él está siempre presente en nosotros, entonces Él desea una continua conversación con nosotros. Él desea que hablemos con Él, sin importar donde estemos: en el trabajo, con la familia, con amigos, incluso con inconversos.

Rehúso aceptar la mentira que Satanás ha sembrado hoy en tantos hijos de Dios: que el Señor ya dejó de hablarle a su pueblo. El enemigo quiere que pensemos que Dios ha permitido a Satanás crecer en poder e influencia, pero que a la vez, Dios no ha equipado a su pueblo con una mayor autoridad. No, ¡jamás! La Escritura dice: “vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él” (Isaías 59:19). No importa lo que el diablo traiga en contra nuestra. El poder de Dios en su pueblo siempre será mayor que los ataques de Satanás.

Este versículo de Isaías, de hecho, se refiere al portador de la bandera o estandarte que iba al frente del ejército de Israel. El Señor siempre guió a su pueblo a la batalla, detrás de su poderoso estandarte. De la misma manera hoy, Dios tiene un ejército glorioso de huestes celestiales que marcha bajo su bandera, listos para ejecutar sus planes de batalla en nuestro favor.

Quizás usted pregunte: “¿Cómo, entonces, nos da Dios su ayuda en nuestros problemas?” Su ayuda viene en el regalo de su Espíritu Santo, quien mora en nosotros y obra la voluntad del Padre en nuestras vidas. Pablo nos vuelve a decir vez tras vez que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo. Somos el lugar de morada de Dios en la Tierra.

Por supuesto, repetimos a menudo esta verdad, en nuestra adoración y testimonios. Pero muchos de nosotros no lo tomamos en serio. Simplemente no entendemos el poder que está contenido en dicha verdad. Si lo entendiéramos y confiáramos en él, nunca más sentiríamos temor ni desmayaríamos.

Yo mismo no he aplicado completamente esta lección en mi vida. Aun después de todos mis años como ministro, sigo tentado a pensar que debo producir algún tipo de emoción para poder oír de Dios. No, el Señor está diciendo: “No tienes que pasar horas esperándome. Yo resido en ti. Estoy presente para ti, día y noche”.

Escuche el testimonio de David: “Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia. Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido” (Salmos 16:7-8). David está declarando algo: “Dios está siempre presente delante de mí. Y yo he determinado mantenerlo a Él en mis pensamientos. Él me guía con fidelidad en el día y en la noche. Nunca más estaré confundido”.

David Wilkerson

martes, 11 de enero de 2011

El Señor es mi Pastor


Todos estamos familiarizados con el Salmo 23. Su mensaje de consuelo es muy conocido aun entre los incrédulos. Este Salmo célebre fue escrito por el Rey David, y su pasaje más famoso está en el verso de entrada: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.” La palabra Hebrea que David usa para faltará en este verso indica un significado de no tener. David está diciendo, en otras palabras, “No me faltará nada.” Cuando combinamos este significado con la primera parte del verso, David está diciendo, “El Señor me dirige, me guía y me nutre. Y por eso, nada me falta.” En este verso breve, David nos da todavía otro reflejo del carácter y la naturaleza delSeñor. La traducción literal en Hebreo de la primera parte de este verso es Jehová Rohi (Ra’ah). Significa “El Señor mi pastor.”

Jehová Rohi no es un pastor benigno y pasivo. El no es como un asalariado – alguien que sólo provee comida y guía. El no solamente apunta hacia los pastos y las lagunas de agua y nos dice, “Ahí está lo que necesitas. Ve y come.” Ni tampoco se hace el ciego a nuestras necesidades. El no corre hacia el lado opuesto cuando escucha nuestros gritos de ayuda ni cuando ve que estamos en problemas. No, él conoce cada dolor que soportamos, cada lágrima que derramamos, cada herida que sentimos. El conoce cuando estamos demasiado cansados para dar otro paso hacia adelante. El sabe cuánto podemos soportar. Más que nada, él sabe cómo rescatarnos y llevarnos a un lugar para sanarnos. Una y otra vez, nuestro pastor viene a nosotros, nos trae y nos lleva a un lugar de descanso. Él continuamente nos hace descansar para tener un tiempo de sanidad y restauración.

Jehová Rohi - el Señor nuestro pastor – nos insta a que lo sigamos para ir a su descanso, para que él pueda “shekinah” en medio de nosotros. El Señor dice en Éxodo 29:45, algo “Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios.” La palabra Hebrea para “habitaré” aquí es Sekinah, que significa “permanecer por”, o “asentarse junto a.” Esta palabra no significa una presencia pasajera, sino una presencia permanente – una presencia que nunca nos deja. En corto, la gloria sekinah de Dios no es una marca que desaparece de nuestros corazones como una tinta invisible. No, es algo que Dios implanta permanentemente en nuestra alma. Es su eterna y muy cercana presencia. Este cuadro aquí es glorioso: Nuestro pastor ofrece venir a nosotros en medio de nuestro dolor y de nuestra condición de depresión, y sentarse junto a nosotros. Él promete curar nuestras heridas y enderezar las partes nuestras que han quedado enfermas y malogradas. Esa es la gloria sekinah de Dios. La presencia del Señor que permanece y que dura para siempre. Y muy a menudo la experimentamos cuando estamos en apuros. Nuestro gran pastor nos dice, “Yo quiero restaurarte. Y lo voy a hacer estando presente contigo, aún en el valle y en las sombras de muerte. Mi presencia estará contigo a través de todo lo que el enemigo lance contra ti. Aún si tratas de alejarte de mí, yo voy a correr tras de ti. Y cuando te alcance, te tomaré en mis brazos y te llevaré a mi descanso. Entonces vendaré tus heridas y sanaré todas tus enfermedades”