jueves, 6 de mayo de 2010

Temer... o confiar


Séneca dijo:
“La más grande infelicidad es ser presa del temor cuando ya nada queda que esperar” y “Peor que la guerra es el temor de la guerra”
Es muy llamativo lo que dice Jeremías 38:14-20
“Después envió el rey Sedequías e hizo traer al profeta Jeremías a su presencia... Y dijo el rey... Te haré una pregunta... Y Jeremías dijo a Sedequías: Si te lo declarare, ¿no es verdad que me matarás? Y si te diere consejo, no me escucharás... Si te entregas en seguida a los príncipes del rey de Babilonia tu alma vivirá, y esta ciudad no será puesta a fuego, y vivirás tú y tu casa... Y dijo el rey... Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me escarnezcan. Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás...”
El rey, por supuesto no hace caso del consejo... cae en menos del enemigo y la ciudad es destruida por fuego y sus hijos asesinados en su presencia. (Jeremías 39:1-10)

Sin embargo, el profeta y quien lo ayudó son protegidos:
“Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová” (Jeremías 30:17-18)
¿Tememos? ¿A qué le tenemos miedo? Cada día puede llegar a ser una fuente de temores acerca de sucesos reales o imaginarios, actuales o futuros, que pueden condicionar la vida y anular la acción.
No importa cuál sea el origen o el destino de los temores que nos acechen. Podemos confiar.
¿En quién?
En Aquél que nos libra:
“Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores” (Salmos 34:4)
“En el día que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado, no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?” (Salmos 56:3-4)
“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba Padre!” (Romanos 8:15)
El Apóstol Pablo tenía temores
“Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores” (2 Corintios 7:5)
Pero su ejemplo de confiar, inspiró a otros a hacer lo mismo
“Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor” (Filipenses 1:14)
El Señor Jesucristo venció en la cruz el temor más grande del ser humano
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15)
Salustio dijo: “Mayor es el peligro cuando mayor es el temor”
Recordemos: Nadie puede vencer a nuestro Dios. Confiemos en El, que promete acompañarnos en medio de todo lo que nos ocurra.


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