viernes, 28 de agosto de 2009

Enseñar...aprender


Enseñar...aprender...
Cuando tenemos mucho trabajo diario, y asimismo muchísimo por hacer más adelante, podemos sentirnos abrumados por la responsabilidad, por el cansancio y especialmente por la falta de tiempo. Aunque nos organicemos y planifiquemos todas las tareas muy bien, siempre habrá detalles o cosas importantes que se nos pasarán por alto, o que no podremos solucionar.
El Apóstol Pablo trataba de planificar sus viajes, recorriendo cada lugar para predicar el evangelio y regresando en lo posible una o dos veces a cada ciudad para afirmar, corregir y enseñar, pero no siempre le iba del todo bien...
Algunas de las iglesias que estableció eran más dóciles, sensibles y buenas receptoras de la Palabra de Dios; a otras las afectaba más su cultura o el arrastre de sus costumbres pecaminosas.
En la Iglesia de Corinto, probablemente Pablo haya experimentado sus mayores frustraciones como predicador y maestro...
Había divisiones (1 Corintios 1)
Continuaban con sus costumbres de pecado (1 Corintios 5)
Tenían mal testimonio ante los demás (1 Corintios 6)
Los matrimonios no se llevaban bien (1 Corintios 7)
Tenían problemas con los sacrificios y la idolatría (1 Corintios 8,10)
Cuestionaban a Pablo (1 Corintios 9; 2 Corintios 1-2, 10)
No entendían el antes y el después de la conversión (1 Corintios 11-12; 2 Corintios 6)
Los confundía el tema de ofrendar (1 Corintios 16; 2 Corintios 8)
Pablo intentaba que reaccionaran haciéndoles esa comparación entre su locura y lo que Dios les pedía; entre gloriarse y no hacerlo...
“¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! Sí, toleradme” (2 Corintios 11:1)
Los exhortaba a no dejarse engañar por doctrinas nefastas:
“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero me temo que como la serpiente con su astucia engaño a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis” (2 Corintios 11:2-4)
“Mas lo que hago, lo haré aún, para quitar la ocasión a aquellos que la desean, a fin de que en aquello en que se glorían, sean hallados semejantes a nosotros. Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (2 Corintios 11:12-14)
Les aseguraba que cambiar las enseñanzas divinas por las humanas era necedad...
“...porque de buena gana toleráis a los necios, siendo vosotros cuerdos. Pues toleráis si algunos esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas” (2 Corintios 11:16-20)
También les recordaba que los amaba...
“¿Por qué? ¿Por qué no os amo? Dios lo sabe” (2 Corintios 11:11)
Y reconocía que le faltó firmeza para corregirlos...
“Para vergüenza mía lo digo, para eso fuimos demasiado débiles” (2 Corintios 11:21)
Debemos ser muy cuidadosos en nuestro medio y en nuestras iglesias. Los maestros deben poner especial cuidado en sus alumnos. Los demás debemos reconocer la trayectoria de quienes nos enseñan con su vida y esfuerzo y no dejarnos arrastrar por el encandilamiento pasajero de los novatos o confundidos, que con el tiempo pueden madurar y aprender, pero en el camino ¡cuánto daño pueden hacer!
Recordemos: Si somos nuevos, aprendamos junto a los mayores... Si somos maduros, seamos firmes en enseñar la Verdad de Dios...
www.daresperanza.com

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