miércoles, 19 de agosto de 2009

Jonas dio gracias y fue librado


Oigan las palabras de Jonás: “Me echaste a lo profundo…me rodeó la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí…rodeóme el abismo…descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre” (Jonás 2:3-6).

Jonás había tocado fondo, sepultado en el vientre del gran pez. Estaba luchando por su vida, lleno de desesperación, vergüenza y culpa. Tenía una carga pesada en el corazón, literalmente descendió más bajo que cualquier otra persona. Pensó que Dios lo había abandonado.

Así que, ¿Cómo hizo Jonás para salir de su hoyo? Dicho en palabras simples, ¡él pasó la prueba! “Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová…con voz de alabanza te ofreceré sacrificios…” (Jonás 2:7,9).

Jonás no recibió ninguna palabra de liberación. El se encontraba en una situación sin esperanza, lleno de oscuridad y melancolía, estaba a punto de desmayar. Sin embargo, llegó a tal punto, que dijo: “¡Voy a dar gracias al Señor!”

En medio de sus problemas, Jonás entra en la presencia del Señor y ¡ofrece acción de gracias! Dios le respondió: “Eso es lo que quería escucharte decir, Jonás. Has confiado en mí en medio de toda tu situación, ¡acabas de pasar la prueba!”.

La Escritura dice: “Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra” (versículo 10). Con una sola orden del cielo, el pez escupió a Jonás a la orilla. Y ese hombre agobiado, debe de haberse revolcado en playa gritando: “¡Soy libre! ¡Soy libre!” Probablemente danzaba mientras quitaba las algas de su cabeza, ¡porque ya se encontraba en el altar de acción de gracias!

Cuando no tenga lugar a donde voltear, voltee a la acción de gracias. Dele gracias al Señor por su perdón, por librarlo de todos sus pecados del pasado. Dele gracias por librarlo de la boca del león, por darle una morada nueva en los cielos, por todas sus bendiciones del pasado, por todas sus promesas, por todo lo que El va a hacer. En todo, ¡dele gracias!

“Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo” (Salmos 92:1).

“Sacrifica a Dios alabanza, y paga tus votos al Altísimo; e invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás” (Salmos 50:14-15).


David Wilkerson

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