domingo, 20 de diciembre de 2009

Oración en tiempo de angustia


En tiempos peligrosos como éstos, ¿no tiene la iglesia poder para hacer algo? ¿Nos sentaremos a esperar que Cristo regrese? O, ¿somos llamados a tomar medidas drásticas de algún tipo? Cuando todo el mundo a nuestro alrededor está temblando, con los corazones de los hombres llenos de miedo, ¿somos llamados a tomar las armas espirituales y batallar contra el adversario?

El profeta Joel vio que se acercaba un día similar a Israel, uno de “densa oscuridad y tristeza”. Según Joel, el día de oscuridad que se aproximaba a Israel sería como nunca se había visto en su historia. El profeta clamó: “¡Ay del día! porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso” (Joel 1:15).

¿Cuál fue el consejo de Joel para Israel en aquella hora oscura? El trajo esta palabra: “Por eso…dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá y dejará bendición tras de él?” (Joel 2:12-14).

Mientras leo este pasaje, dos palabras me golpean fuertemente: “ahora - pues” Mientras la densa oscuridad caía sobre Israel, Dios se llamaba a su pueblo: “Por eso pues, ahora, a la hora de mi venganza, cuando me expulsaron de su sociedad, cuando la misericordia parece imposible, cuando la humanidad se ha burlado de mis advertencias, cuando el miedo y la tristeza cubren la tierra, ahora pues, les insto a que vuelvan a mí. Soy tardo para la ira, y soy conocido por retener mis juicios por una temporada, como hice con Josías. Mi pueblo puede orar y rogar por mi misericordia. Pero el mundo no se arrepentirá si dicen que no hay misericordia.

¿Ve usted el mensaje de Dios para nosotros en esto? Como su pueblo, podemos unirnos en oración y Él nos oirá. Podemos hacerle peticiones y saber que Él contestará las oraciones sinceras, eficaces y fervientes de sus santos.

David Wilkerson

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